El ´cazorlazo´ y el ´brujo de artana´. El Madrigal vibró con el derroche de testiculina de su equipo, el partidazo de Bruno.
Anoche salí del Madrigal con una gran felicidad interior. No les diré que con una sonrisa de oreja a oreja, porque hay que afrontar profesionalmente con frialdad los buenos y los malos momentos. Sin embargo, no puedo ocultar que hacía tiempo que no veía ese rictus de alegría en todos los que componen la gran familia del Villarreal. Fernando Roig abandonaba el estadio con el rostro relajado, un signo que denota que, por fin, vislumbraba que esta plantilla comienza a despegar y, posiblemente, disipando algunas dudas que podían empezar a invadirle. El Madrigal empujó con fuerza y vibró con sus jugadores. La unión fue perfecta. Al acabar el partido, un centenar de aficionados coreaban la salida de los jugadores del Villarreal. Una imagen que me reconforta, porque el sentiment groguet empieza a hacerse fuerte y a superar al que no hace tanto despertaban los Madrid y Barça.
Me alegré también por Bruno Soriano, al que hemos bautizado en Mediterráneo como el brujo de Artana. Los focos siempre apuntan a los que marcan los goles y se olvidan de futbolistas como él. El partidazo que se marcó es para guardarlo en la videoteca del club. Inconmensurable en el trabajo de presión sobre la primera línea de creación del Getafe y con una clarividencia espectacular en la creación. No lo podía obviar, me lo pedía el cuerpo. Ahora, me he marcado cumplir otro sueño personal y quiero verle con la Roja. Al tiempo...
Dejo un apartado especial para Cazorla. He defendido repetidamente que es uno de los integrantes del top ten de estrellas de la Liga. Anoche, le volví a ver sonreír. No oculto mi satisfacción, porque los buenos tipos se merecen que las cosas les vayan bien. Santi se acordó, al celebrar el 2-2, de Rubén Pons, el fisio que ha pasado más de cinco horas diarias a su lado en la dura recuperación que ha llevado a cabo para que nos alegrara la vista con otro cazorlazo. Y del doctor Juan Albors, otro de los invisibles que trabajan en la trastienda para hacer un Villarreal grande.
No me olvido de Valverde. Reconozco que empezaba a desfallecer en mi apoyo incondicional a un tipo honrado y cabal, pero al que tengo que juzgar como entrenador y no como persona. La triste derrota en Gijón me generó demasiadas dudas. En Sofía me gustó su reacción y cómo planteó el partido. Ayer, ante el Getafe, el equipo demostró coraje. Observé un Villarreal muy motivado. Algo también tendrá que ver el técnico. Ahora tiene que seguir trabajando para pulir los errores defensivos que continúan latentes como en la basculación defensiva en el 0-1 o los repetidos fallos individuales.
No sé, hasta de mis compañeros de profesión como Toni Alegre, Raúl Puchol, Xavi Rubert o Javi Mata que anoche durmieron más felices que unas pascuas. O de tantos y tantos aficionados amarillos que rescataron el orgullo de ser del Villarreal. En fin, me estoy volviendo sensiblón, pero ayer el Villarreal nos volvió a hacer felices a todos. A los que pierden la fuerza por desprestigiar al Villarreal, decirles que lo tienen difícil. Creo en la justicia. ¡Collonuts!
Fuente: www.elperiodicomediterraneo.com
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